7.03.2009

Nada de voto nulo: ¡¡Mi voto para el Doctor Mono!!

¡Vote lindo y precioso: vote bien mono por el doctor Mono!



¡Por su sinceridad!¡Por su coraje! ¡Por su entereza en su cinismo!¡ Porque sería mejor presidente que los presidentes de los últimos! ¡Para poder decir con orgullo: el presidente tiene cara de simio! ¡Digan no al voto nulo: que nuestra voz y la de Dr. Mono sean escuchadas!¡Porque no es un chango más en la política: es EL mono!
Para más información sobre la campaña presidencial del Dr. Mono, su representante Jorge Pinto realiza las rondas de prensa cada lunes, miercoles y viernes, en la página oficial del PMP.

(jajajaja creo que me emocioné, pero prometo sacar una foto de mi boleta jojojo que diga: Dr. Mono)

Janik

6.29.2009

Las gastadas palabras de siempre


Francisco Hernández

DÉJAME recordarte las gastadas palabras de siempre,
los armarios que encierran la humedad de los puertos
y el sabor a betel que dejas en mis labios
cuando desapareces en el aire.
Déjame tender tu cabello a la sombra
para que la penumbra madure como el día.
Déjame ser una ciudad inmensa, un bote de cerveza
o el fruto desollado ante la espiga.
Déjame recordarte dónde me ahogué de niño
y por qué hace brillar mi sangre la tristeza.
O déjame tirado en la banqueta, cubierto de periódicos,
mientras la nave de los locos zarpa
hacia las islas griegas.

6.26.2009

No ser Chejov...


Así como tu me miras de frente sólo con tus palabras, te lo digo yo, rostro a rostro:

Hay un instante, un brevísimo momento, en que la decisión que tomes, cualquier decisión que sea, te puede llevar hasta Hugh Grant, o, hasta Chejov.

El problema con nosotros es que somos siempre Chejov; siempre esos personajes plenos de ansias, de emociones, de llantos que se pueden quebrar en la gloria. Siempre esos personajes que se levantan una mañana para cambiar el mundo; que un día tienen el valor de hablarle al amor secreto, de abandonar el trabajo, de enfrentar la batalla, de retar lo cotidiano para salir airosos y que dan El paso al frente, que durante toda su vida temieron dar....
Personajes que sin embargo, después de ello, cuando es la hora de asegurar el paso, (la segunda cita, el levantar la cabeza sin vuelta atrás, el romper de verás con todo) para verdaderamente aventarse al vacío de perder el mundo y construir uno nuevo, cuando es hora de reafirmar el instante en que tuvieron valor para cambiarlo todo; se quedan parados, se detienen. Personajes somos que se cristalizan (de miedo, de estupidez, de inseguridad) antes de verdaderamente revolucionar su mundo. Para luego, volver con el rabo entre las patas, a dormirse, arrepentidos, entre la misma cotidianeidad que minutos antes, días antes, habían roto. Yegor Savich que sueña, con grandeza, que puede, que podría...y que sin embargo vuelve, ya tarde, a dormirse solo, en la sala de una vieja casucha, ya por deshabitarse, con un samovar que no funciona...
Y es que no, Hugh Grant no existe, no para nosotros. Parece que somos incapaces de lograrlo; de ser William Thacker convenciéndose de que no es absurdo seguir a Anna Scott, a la cantante, a la millonaria, a la lejana, para quedarse con ella. Hugh Grant da el paso (por valiente, porque es incapaz de ver que tal valentía es absurda, por imbécil, por bienaventurado), y sale corriendo como loco en la ciudad, y deja el trabajo, y le habla a la chica popular de la universidad, y se convence de que puede hablar con la actriz más famosa de la tele y seducirla; rompe, como una mosca que milagrosamente traspasa el vidrio, con su vida cotidiana y no vuelve a ella nunca.
Hugh Grant, tu lo dijiste amigo, se queda con Julia Roberts, mientras que nosotros (¿cobardes?¿pesimistas?¿desventurados?... ¿cobardes?), nos quedamos con toda nuestra dignidad y un puñado de casas, repartidas, en la estepa moscovita.

Desventurado Chejov, porque de él no es el reino de los cielos...

Janik

6.16.2009

No pares ahora

No pares ahora
(No de nuevo)


No te detengas ahora, no de nuevo.

No hay razón verdadera para quedarse con los tobillos unidos, como niño jugando al soldado (en una callejuela donde no pasan ni los gatos), ya sé, me lo dices de frente; no hay tampoco razones para correr; no hay tanques, no nos persiguen de muerte, aún, por nuestras disidencias hipotéticas.

No hay transcendencia; lo sé. Y te sonrió, con media sonrisa, a medio rostro, a medio yo (porque no alcanzó ya en tu memoria a ser alguien, algo, cualquier cosa (cualquier viruta de polvo feliz viajera en tu escritorio en lustros no escombrado)).

Nada en las manos abiertas (teníamos un sol rojo entre las manos, las esquinas por donde no hemos vuelto a caminar, tu “no”, teníamos tus nos de casa a medio construir, de buhardilla que nada cubría y los pies mojados; la eterna trascendencia de descalzos sobre el césped de quien sabe que señor adinerado en la del valle, y toda mi infinita estupidez sobre nosotros; luminosa como la angustia de cualquier inocente).

Nada entre los restos del café. Nada en los huequitos oscuros entre las bolsas de detergentes que se embarrigan debajo del lavabo. Nada incluso entre estas letras; ni siquiera los fantasmas son fantasmas.

Nada para detenerse de nuevo; ni calles ni muros ni coches despotricados buscando yeguas en los cruces, ni cigarros a punto de apagarse como luciérnagas cuando les llega la ciudad.

Reivindicación de lo más antiguos super héroes: los muertos, las viudas, los fantasmas, traspasan todo, y a ellos (como supermans sin caché, entrando y saliendo al ponerse los lentes) todos los olvidan.

No hay muro que detenga tus pasos entonces, fantasma; todo traspasas, haztelo saber.

5.27.2009

Cuando el destino nos alcance


Deberíamos poder mantenernos en la mesa;

jugando domino cubano,

sin poner nunca una última ficha;

apostando pedacitos de papel.


Mas no se puede;

alguien

tarde o temprano,

se levanta y tira las fichas,

por el puro enojo de saber;

que no podemos ganar todos.


¿es el tiempo entonces,

de salir del cuarto

dejando mulas sin montarse

y vasitos de whisky como tristes

viendonos con su ojazos

alejarnos de la mesa?


¿es el tiempo entonces

de retirarnos del juego

solamente

para no vencernos,

unos entre otros

ni mirar de entre los nuestros

al vencedor?


(tiempo entonces de abrir la puerta,

uno a uno,

para salir a la calle

mordisqueando un cigarrillo apagado,

y dispersarnos,

en todas direcciones,

como ratas

como profetas,

de un manifiesto que no será,

de un conquistador que no existió

porque nadie terminó de beber

los vasos cíclopes a medias

en la mesa)


Y caminando en la avenida

pensando aún en la última jugada

que debimos haber hecho

al meter la manos

en los bolsillos

(buscando cualquier cosa,

para olvidar que no ganamos

ni perdimos

una moneda,

un pasador para el cabello,

la envoltura de un dulce)

encontraremos

siempre:


los pedacitos de papel


que no apostamos.


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